Archive for the ‘Sitios’ Category

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Farewell

17 diciembre 2009

Anónimo García was breed in a working class family in the outskirts of Zaragoza, a provincial city in NE Spain. As a young adult, his ideals (mainly multiculturalism, freedom, creativity, self-realisation, architectural beauty, environmentally sustainable living and respect for other living beings, among others) made him feel severely disappointed with his hometown and his fellow countrymen. In opposition, his arrival to Oxford in 2004 and London in 2005 left a profound positive mark on him, as he experimented how both cities embraced or promoted most of these ideals. London also offered him the chance to fulfil his potential in multimedia work, which he has used to support the Latin American community since his arrival to the city.

This series of digital photographs are a homage to the city in which García “was born for a second time”. The stills have been chosen to represent various aspects of what for him is London’s greatness, including some of his above mentioned ideals.

LONDON BEFORE MIDNIGHT View from Greenwich Park, 2007
HURRY UP, HARRY Thames Pathway in North Greenwich, 2008
EGO & ALIUM Westminster Tube Station, 2008
BRICK LANE 2009
HARMONY OF THE OPPOSITES Trafalgar Square during Pride celebrations, 2008
ROMEO Soho, 2009
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Read the review of the exhibition on page 22 of this newspaper
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Visit García’s blog here.
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El Barco Fantasma de North Greenwich

5 marzo 2009

Londres. Si para el caminante depara lugares sorprendentes a cada paso, al ciclista le reserva un nivel de sorpresas práticamente intolerable en cada viaje. La reacción natural del ciclista intrépido es limitar su capacidad de asombro, y no dedicarle más que una mirada ligera a lo que en otro sitio se convertiría en atracción turística de primera magnitud.

Hoy referiré un hallazgo del que tal vez no podamos hablar en esos términos, pero esa idea, obsesiva y recurrente en esta ciudad, hace ya tiempo que debía haberla plasmado aquí. Queda dicho.

Greenwich es un lugar hermoso e inspirador como ninguno, del que hacía ya tiempo que era amigo. Deleitaba con el siguiente recorrido a todas las visitas suficientemente aguerridas como para montarse en una bicicleta, y todas quedaban boquiabiertas: por el canal hasta Canary Wharf, fantástico, y túnel peatonal por debajo del río hasta Greenwich, toda una experiencia. Una vez con mi amiguete Pe fuimos un poco más allá, recorriendo North Greenwich hasta el O2.

North Greenwich, como la Isla de los Perros, es un antojo del Támesis. Mientras éste, ya casi hecho mar, se mece con aparente calma y las impresionantes alturas de Canary Wharf presiden la orilla opuesta, uno se va deslizando divertido por un circuito zigzagueante donde la única opción es continuar. Diversos hedores van amenizando el recorrido, procedentes de las añejas industrias que lo delimitan. En el camino, un alto, al lado del río, un solar; en un extremo, la Casa Sangrante, en el otro, el Barco Fantasma.

El Barco Fantasma de North Greenwich no es un barco cualquiera. Su curiosa forma, en L, hace dudar en primera instancia de su naturaleza marinera. Es necesario pararse en la distancia y verlo mecerse suavemente para darse cuenta de ello. Una vez corroborado el dato, su extraña forma vuelve a desconcertar al visitante, que busca detalles en su estructura para encontrar una explicación. Por fin, un medidor de alturas a lo largo del palo vertical de la L, junto con un lecho de maderos y unos oxidados mecanismos, le dan a entender que se trata de una especie de barco reparador o transportista de otros barcos.

Mi amigo Pe, aventurero, saltó valientemente a cubierta; yo no lo hice hasta la siguiente visita. Más golosa que la cubierta, excitante pero prácticamente yerma, se presentaba la parte superior, con una casetilla y varios volantes que presumíamos moverían los mecanismos. Pero la escalera para subir, que era hueca y discurría por la parte de atrás directamente sobre el agua, tenía unos cuantos peldaños serrados, y alambre de espino en la barandilla.

Aún sin poder subir, el Barco nos fascinó. Su desgarbada magnitud, su propósito incierto, su extraña forma, su indefinida antigüedad, alimentaban nuestra imaginación vitamínicamente, y les preguntábamos a los ejes, barandillas y planchas por un nombre, una fecha que nos diese alguna pista. Callaban, y nada pudimos averiguar.

* * *

Tras el invierno, este fin de semana volví a visitar a mi amigo gigante, para presentárselo a Juan VI y Pe II. Pero ya no estaba. El solar se encontraba ahora cubierto de montañas de tierra, y sobre ellas gobernaba amenazante la Excavadora Destructora, amarilla y despiadada. Quise aventurarme al otro lado para llegarme hasta la Casa Sangrante, pero la Excavadora movía la pala desafiante. Sólo pude verla a lo lejos, horriblemente mutilada… sus ventanas, antes ciegas, estaban ahora llenas de luz, lo cual indicaba que ya le faltaba el techo…

North Greenwich jamás volverá a ser igual.

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Auge y declive de Camden Town

24 noviembre 2008

El mercao de Camden Town es bien famoso para aquellos turistas “alternativos”. Tanto tanto, que ya no es alternativo a nada, y familias enteras vienen a fotografiarse con los punkis del canal como quien se fotografía con los guardias esos de sombrero alto y guerrillera roja.

Por lo cual le podríamos llamar el “Nirvana” de los sitios turísticos de Londres, cosa de no poca honra. Veamos por qué en detalle.

Auge

El primer mercado en Camden Town fue de artesanías y abrió en 1973 a orillas de Regent’s Canal -antigua vía de transporte de mercancías, por entonces ya en desuso-, sobre edificios industriales y almacenes a los que el progreso había dado la espalda. Se fue extendiendo rápidamente, mimetizándose con la antigua infraestructura: aquí las tiendas se albergan bajo los arcos de un treneducto, allí se utiliza la estructura de un hospital para caballos, etc. en un claro ejemplo de ese reciclaje arquitectónico al que tanta afición le profesan los británicos (y que tanto deleita a servidor).

Pero su caracter tal vez se lo fuera confiriendo el cercano Roundhouse. El Roundhouse es un edificio construído en 1846 para que las locomotoras de vapor pudieran dar la vuelta, y de paso repararlas y quitarles las cenizas, que se comenzó a utilizar como sala de conciertos en los 60 -qué mejor lugar para la música in que uno reciclado-. Por nombrar un par de ejemplos, diré que fue en el Roundhouse donde los Doors dieron su único concierto en el Reino Unido (1968); y los Ramones su primero, en 1976. Aten cabos.

Alrededor de esos conciertos florecieron la moda y la cultura relacionada con este tipo de música, e hicieron de Camden Town su epicentro durante años. Por nombrar otro par de ejemplos, Madness tuvo aquí en los 80 su morada espiritual (en el Dublin Castle, Parkway), y Pulp lo nombra en alguna canción de su álbum Different Class (1994).

Con este caldo de cultivo, el mercado se ha hecho enorme y ha acabado comprendiendo cinco zonas diferentes (Camden Market, Camden Lock, Canal Market, Stables e Inverness Street), además de numerosas tiendas, bares y clubs. En ellas podemos encontrar todo, o casi todo, que no es lo mismo, pero es igual: ropa vieja, hortera o gótica, cosas usadas y nuevas, caras y baratas, grandes y pequeñas, exposiciones, comida de aquí y allá, y gente de lo más variopinta, entre muchas otras cosas más.

Y tras liquidar de un plumazo cuatro décadas de música moderna, desde los sesenta hasta los noventa, nos cabe preguntar: y en los cero, ¿qué?

Declive

El tiempo, la fama y el dinero han traído a buitres que se han comido o dejado sin pan a los comercios tradicionales (Velvet Illusion, con los coches letreados, Black Rose, con su Drácula custodio, han quedado reducidos a una broma en los últimos tres años). Chinos con comida de dudosa reputación inundan los establos, tiendas de ropa colorida y de mal gusto sustituyen a pubs legendarios. Artistas o diseñadores de moda alquilan un pequeño puesto con la esperanza de ganarse el pan con su arte, hasta que el coste y las largas horas de trabajo (¡en fin de semana!) acaban con ellos. Y para rematar, el reciclaje arquitectónico se olvida con el olor del dinero, y empieza la muerte de los antiguos espacios enladrillados en favor del cristal y el acero. Los nuevos edificios acogerán muchos más puestos… de abalorios chinos y cosas rosas.

Pero lo que ha sido ha sido, y como quien va a la Bastilla de París sólo por ver una plaza fea, la visita a Camden Town es obligada, curiosa y divertida.

Cómo visitarlo

Coloco a continuación un mapa que he diseñado en exclusiva para las lectoras y lectoros de este diario-e, que les brindará grandes satisfacciones a la hora de visitar tan mítico emplazamiento, y les desviará del recorrido ovejuno habitual para ver en una hora algunas maravillas de sus alrededores:Mapa Camden Town

Las condiciones ideales para esta ruta son las siguientes, y en ese orden: fin de semana, barriga vacía, primavera. Lo primero es importante para el punto segundo, lo segundo para el undécimo y lo tercero para el quinto, si es que se me entiende.

1.- Suponemos que usted llega en metro y se baja en la estación de Camden Town, o tal vez llega en bus con la ayuda de esta guía.

Camden Lock. El dedo señala el puesto de hmaburguesas veganas.

Camden Lock. El dedo debajo de "food" señala el puesto de haburguesas veganas.

2.- Se pone a caminar en la dirección lógica: tomando Camden High Street hacia el norte. Se encuentra con tiendas, mercados, punkis, turistas españoles, cruza el canal, compra un zumo de naranja al negrito de sombrero fruteado de debajo del puente, una hamburguesa vegana casera un poco más adentro (donde la “o” de “Camden Lock” en el mapa), entra a los establos. Puede aprovechar para hablar con los locales y mostrar su afición por la vida y obra de Sid Vicious, pero no lo hace. En cambio visita Cyber Dog, “la tienda cyberpunk con vestidos ciencia-ficticios, complementos biónicos, trajes galácticos“. Sale de los establos y sigue caminando por la misma calle, que ahora se llama Chalk Farm Road. Este cachillo se le hace más aburrido, pero con una mirada detenida descubre unos cuantos pubs con gente guapa. Por fin llega al…

3.- …Roundhouse, edificio declarado de interés histórico, y recuerda todo lo que he dicho anteriormente.

4.- Gira por Regent’s Park Road y se sorprende con un grafiti legendario de Banksy. Sigue caminando, fortaleciendo las piernas, y tras pasar el puente de la vía llega a un barrio muy inglés y muy bonito, Primrose Hill, con sus casas y sus tiendas tradicionales. Aprovecha para conversar por la gente local y muestra su admiración por la familia real británica. Se despide cordialmente y entra en el parque del mismo nombre, y sigue fortaleciendo la masa muscular del pernil.

Londres a sus pies y a los de los marcianos.

Londres a sus pies y a los de los marcianos.

5.- Llega a este punto álgido. Contempla Londres a sus pies, y hace una foto panorámica con la que sorprenderá, qué duda cabe, a su familia y amigos. Aprovecha para pegar la oreja a un señor cuarentón entendido que explica a sus acompañantes que aquí hubo instalada una batería antiaérea en tiempos de la II Guerra Mundial. Los acompañantes afirman pensativos, poco les cuesta ver el porqué; y nadie se da cuenta, pero usted ya ve aparecer una tanda de aviones de alas redondeadas por el sudeste, y se imagina el humo viniendo de más allá, la sirena, los gritos del mando, el ruido, el olor a pólvora. Mientras tanto, la mente del señor cuarentón retrocede cuarenta años más y, aunque no lo dice, se imagina una colonia marciana en desarrollo, según leyó en La Guerra de los Mundos, y comprueba con horror que aquello que se mueve en el aire es un hombre, un instante después lo ve desaparecer y a continuación escucha un grito terrible y el gozoso ulular de los marcianos. “Enrique Iglesias. Creo que vive por aquí”, dice alguien de pronto, y tanto el señor cuarentón como usted experimentan un gatillazo intelectual. Tras unos segundos en blanco, se pone una alarma mental: ver en Wikipedia qué pasó y quién vive o vivió en Primrose Hill en cuanto llegue a casa. Londres nunca dejará de sorprenderle, piensa.

6.- Baja al estilo salchicha, con cuidado de no atropellar a ningún peatón. Sale por la esquina sudoeste del parque y cruza el canal por el puente que queda enfrente.

7.- Contempla en este punto las cebras y las jirafas y algún otro animal extraño cuyo nombre no conoce.

8.- Cruza el mismo puente de vuelta y, nada más dejarlo a mano izquierda baja al canal por un camino empínadísimo abierto entre la maleza. Ve la opción de una rampa asfaltada un poco más arriba pero, por supuesto, la desecha.

9.- Pasea por el magnífico canal, admirando las barcazas, observando las aves acuáticas, respirando el aire limpio. Ve jabalises y hienas y otros pájaros, encerrados. Contempla las casas, al otro lado, con sus jardines, sus minipuertos y sus barcas, y se imagina cambiando su octavo por una de ellas. Súbitamente recuerda la descripción del poeta loco Rabdul Al-Hazred, y se propone releerla cuando llegue a casa.

10.- Compra lo que no había comprao antes.

11.- Come hasta reventar en este bufet libre de comida vegana tailandesa, por sólo £5.50! (£6.50 a partir de las 5 de la tarde o en domingo).

* * *

Entradas primas-hermanas
* La Banda del Coche, sobre una banda que solía tocar en el techo de su coche rojo por las calles de Camden Town.
* Predicadores, con fotos del predicador local, que suele desarrollar su misión proselitista a la salida de la estación de metro de Camden Town.

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Regent’s Canal

31 julio 2008

Hoy voy a hablar de Regent’s Canal, que es ese canal tan bonico que todos recordarán de sus visitas a Camden Town. ¿Sí? Pues bien, Regent’s Canal es un canal que va casi de lao a lao de Londres, por el norte del centro, conectado zonas antiguamente industriales, porque cuando lo hicieron a principios del siglo dieciocho la idea que tenían era la de transportar mercancías, porque a los caballos les resultaba más fácil tirar de un barco cargado de cosas que no de un carromato igualmente repleto. Porque, efectivamente, estos barcos venían tirados por caballos, pero no nadando, sino que iban por un camino que discurre todo a lo largo del canal, y que cuando se ponían malos iban al establo y hospital de caballos donde ahora está uno de los mercaos de Camden Town. Y ese camino que digo es ahora usao por paseantes, atletas, ciclistas, amantes, vendedores de droga, pescadores y más. Yo lo utilizo como ciclista dos veces al día durante 25 minutos cada vez, lo cual es una experiencia de lo más gratificante: hay todo árboles en las orillas, con patos nadando, barcas bonitas, y hasta jabalises y hienas en un cacho; y el camino en sí es de lo más divertido: túneles en los que hay que agachar la cabeza, paseantes a los que timbrar, perros a los que esquivar, navegantes a los que sonreir, curvas peligrosas, cuestas cortas y empinadas, y el canal siempre siempre al lado dispuesto a abrazarte en sus aguas al menor descuido.

Vamos, que si todo el mundo se hiciera o hiciese esa ruta para ir de casa al trabajo los psicólogos se quedaban en paro y las acciones de los fabricantes del valium caían en picado.

El camino

Los barcos que hay son muy bonitos

Barcasas

Túneles en los que hay que agachar la cabeza

Todo es muy bonico

Hay muchos árboles y un restaurante chino flotante

Cómo visitarlo: recórraselo en bici de cabo a rabo (1 hora y media sin pararse a hacer fotos), o estése atento a mi próxima entrega Auge y declive de Camden Town, donde explicaré como visitar una parte de él y con jirafas incluidas.

Relacionado: El misterio de las grandes estructuras circulares, donde resuelvo el caso de las susodichas grandes estructuras, muchas de las cuales se pueden hallar a lo largo del canal; y Canary Wharf o las islas Canarias de Londres, que es por allí donde acaba el canal por uno de sus lados, y cuando lean la historia verán por qué.

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Canary Wharf y la isla Canaria de Londres (iii)

20 mayo 2008

Todo lo cual, como ven, merece una buena visita, que ha de hacerse conjuntamente con la de Greenwich y de la manera que refiero a continuación: cójanse el Docklands Light Railway (nombre pomposo bajo el que se esconde la línea de metro que circula por los treneductos que he referido anteriormente) en Bank, por ejemplo, procúrense el primer asiento del primer vagón, vean cómo el tren se conduce solo, disfruten de las vistas y de la sensación de estar [en un videojuego / en una película / soñando despierto], bájense en la estación de Cutty Sark, dénse un garbeo por Greenwich, entren en Greenwich Park, suban al observatorio, pongan sus relojes en hora, vuelvan y cuenten.

Y si, como los señores de arriba, se están preguntando que qué tendrá que ver todo esto con las islas Canarias, pues ahora lo explico: primero por el nombre, que significa “Muelle Canario” y que no está puesto al tuntún sino que viene de que precisamente ahí llegaban los barcos que comerciaban con nuestras soleadas islas; y segundo por la curiosa relación mercantil en la que las “islas de los Canes” (o “Canarias”) comerciaban con la “Isla de los Perros” (o “Isle of Dogs”).

VALE.

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Canary Wharf y la isla Canaria de Londres (ii)

13 mayo 2008

Pero en 1967 las cosas empezaron a cambiar. El imperio había desaparecido, y con él cambiaron las pautas de comercio; los barcos se empezaron a hacer más y más grandes, hasta que dejaron de caber en los muelles, y en fin, todo empezó a irse al garete. Los puertos fueron cerrando, y con ellos las industrias, y entonces vino la depresión económica y el paro. Total que la cosa estaba muy mal, y cuando en 1980 cerró el último de los puertos pues pensaron que a ver qué iban a hacer con la zona. Se les ocurrió que rascacielos, así que se pusieron manos a la obra y esto es lo que les quedó:

pero dada esa bendita virtud anglosajona de no quitar absolutamente nada de lo viejo, pues los hicieron sobre los puertos, que siguen tal cual:

Y así queda explicada la semejanza de Canary Wharf con respecto a Nueva York y Venecia, y como otro ejemplo más de la comunión entre lo antiguo y lo moderno tan de aquí. De hecho, de tan moderno que es Canary Wharf parece que aún no haya pasado.

¿Y qué hace tanto rascacielo junto? Pues es un centro de negocios y comercial que anda a la gresca con la City para ver cuál es el amo del cotarro económico en Londres. Pareciera también, aunque no sea, que rivalizan de la misma manera en pintas per cápita a partir de las cinco de la tarde , porque en ambos lados le dan pero bien, eso sí, en Canary Wharf sin perder de vista las cotizaciones de bolsa no sea que se nos escape algún chollo .

Y como declaración de intenciones ante esta rivalidad, nuestro prota cuenta con los tres edificios más altos del Reino Unido, que son éstos que veis en la foto:

Y hasta aquí puedo leer.

[Siguiente]

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Canary Wharf y la isla Canaria de Londres (i)

10 mayo 2008

Bueno, pues ahora voy a explicar lo que es Canary Wharf y su semejanza con las islas Canarias, además de con Venecia y Nueva York (toma ya).

Para empezar por el principio, diré que lo primero fue que Dios creó los cielos y la tierra, lo cual incluía a la Isla de los Perros (Isle of Dogs), que es donde está Canary Wharf. Después de eso pasaron muchas cosas aburridas, que no referiré para alivio del lector, hasta que llegó un día que construyeron unos puertos en la susodicha isla. Era 1802, con el imperio británico en plena expansión, y como entonces todo se hacía con barcos porque aun no había aviones ni internet, pues ya os podeis imaginar la suerte que corrió un puerto en la capital: el más concurrido e importante del mundo durante más de cien años.

Pero además de ese trofeo, también cuenta en su vitrina de medallitas con ser el primero en usar grúas hidráulicas y con tener el segundo treneducto del mundo (1840), que servía para comunicar el centro de la ciudad con los puertos, y en el que los trenes no tenían la máquina con ellos, porque estas máquinas antiguas a veces explotaban, sino que la tenían al final de la vía y tiraba de ellos con una cuerda. También contribuyó a que el meridiano de Greenwich sea el meridiano de Greenwich y no cualquier otro de los que hay por ahí (si quieren saber el porqué, se lean esto), y también fue aquí desde donde el conde Drácula salió de vuelta a Transilvania tras su infructuoso periplo londinense.

Siento no poder poner ninguna foto de nada de esto pero es que fuí ayer y ya era tarde.

Y hoy también es tarde ya, así que mañana más.

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